sábado, 26 de septiembre de 2009

Viaje en el tiempo al mundo de Burma

Y es que nada más aterrizar en Yangón, su capital, hubo multitud de cosas que no nos terminaban de encajar. ¿Dónde estábamos? ¿Cómo es realmente Birmania (o como ahora es llamada Myanmar)? Al subirnos a un taxi destartalado, con Pepa, una chica chilena que conocimos en la cola de inmigración, las cosas comenzaban a no cuadrar. El conductor se ubicaba en el lado de la derecha, y conducía igualmente por la derecha, como hacemos nosotros. Observando al resto de vehículos, igualmente destartalados, nos dimos cuenta de que resultaba ser así, algo totalmente nuevo y no visto en ninguno de los países hasta ahora visitados. Este insignificante detalle se convierte en un peligro cuando los autobuses paran en mitad de los podríamos llamar carretera y te tienes que bajar por el lado en el que esta la circulación.


Nuestro primer objetivo, tras un rato de descanso, fue conseguir un buen cambio de dólares o euros a Kyats, la moneda local (el taxi lo pagamos en dólares). Ya en el aeropuerto habíamos preguntado por el cambio, en un lugar que tenía un cartel en el que ponía “Oficina de cambio oficial” y en el que nos ofrecían 450 kyats por cada dólar. Pero en realidad, ya nos habían avisado de que no lo hiciéramos allí, pues en el mercado negro se puede llegar a obtener hasta 1100 kyats por cada dólar. Total que nos ponemos a deambular por las calles hasta que encontramos a un señor que nos daba mala espina y que nos ofrecía el tipo cambio deseado y que nos llevaba, a la decía, era su casa. Una vez allí, sentados, acomodados, con una señora, un crío y otros dos chicos viendo un partido de futbol de la liga birmana, comienza todo el lio. Que si la serie del billete no es la buena, que si con un billete de menos de 100 dólares el tipo de cambio baja a 1050, que si el billete está estropeado. Total que terminamos cambiando euros, y cuando nos da los billetes alucinamos. Cambiamos un total de 400 euros y nos a contar 600.000 Kyats (el cambio a 1500 kyats el euro) en billetes de 1000, por tanto, contamos 6 mazacotes de 100 billetes cada uno. Parecíamos millonarios. Encima nos da billetes de tamaños diferentes, desconfiados, Juanlu fue a comprar una botella de agua para verificar que servían ambos billetes y en efecto fue así. Misión cumplida, y ahora íbamos con la mochila cargadita de fajos de billetes, todo un suculento festín.

Una vez relajados y con dinero como para poder comer algo, sentados en los puestecitos de la calle, comenzamos a observar lo que esta extraña ciudad nos ofrecía. Caras de la India y Paquistán se entremezclaban con los achinados rasgos birmanos. Las mezquitas iluminadas con sus mejores luces, por el final del ramadán, que justo coincidía con ese día, junto a pagodas doradas budistas.

El fin del ramadán suponía que en cuanto se puso el sol las calles fueron literalmente invadidas por la gente (ya que hay más de un millón y medio de musulmanes en la ciudad de Yangón) que en cualquier puesto callejero se juntaban, comían y charlaban. Los puestecitos estaban situados en cualquier punto de las aceras, con pequeños taburetes que invitaban a sentarse y a relajarse viendo el ir y venir de las gentes. Las fachadas de los edificios, totalmente ennegrecidas por el pasar de los años, daban una total sensación de decadencia.


Yangon

Multiculturalidad

reunida en una frágil cordialidad.

Del shari hinduista

siempre tan colorista,

a la sonrisa del musulmán

en su último día de ramadán.

De la estrella de David judía

a las blancas cruces de la cristiandad,

a la serenidad altruista

en los ojos del budista.

En aparente armonía,

Que cinco religiones coexistan

en aparente normalidad,

uno ya no sabe qué pensar:

“la vida es pura filosofía,

el respeto hacia los demás

la fuente de la sabiduría”.

También comenzamos a observar algo que desde ese momento se convirtió en habitual en las gentes de este país. Se trata del “Tanaka”. Consiste en realidad en un maquillaje, que es usado a modo de mascarilla, y que según cuenta posee multitud de propiedades curativas para la piel. Las mujeres, niños y niñas lo usan y con ello se decoran con multitud de formas diferentes sus caras. Los hombres por otro lado usan faldas, largas hasta los tobillos llamadas “longis”. Son unas telas en forma de tubo que enrollan y convierten en la prenda de vestir más usada (de hecho a penas ves a hombres con pantalones).

Las gentes nos observaban con la misma curiosidad con la que nosotros los observábamos a ellos, y es que no hay muchos, por no decir que apenas hay turistas en este país. Y al mirarnos una enorme sonrisa siempre sale de sus bocas enseñando una blanquísima dentadura en ocasiones y unos mugrientos dientes coloreados en naranja en otras. Y es que de nuevo nos encontramos a gente con sus bocas teñidas de rojo y naranja por el uso del “koya”. Un ungüento hecho a base hojas, raíces y una pasta blanquecina, que es usado como estimulante y elimina el hambre (ya nos lo habíamos encontrado con algo parecido en Indonesia). La diferencia es que aquí lo hemos visto usar hasta por niños, cosa que no es para nada buena pues tiñe de naranja su boca y va pudriendo sus dientes (y eso es sólo lo que percibimos, que no sabemos qué hará por dentro).

Por último quisimos verificar como era esto de la conexión a internet, ya que según nos habían contado, aparte de ser lenta, resultaba prácticamente imposible conectarse a hotmail ni al blogspot (y eso suponía no poder estar en contacto con nadie desde que entraremos en el país). La razón de tanto problema no es que las conexiones sean por aquí sean malas, que también lo son, si no por un tema que ya explicaremos. Buenas noticias ya que supone que podemos actualizar.

Proseguimos con nuestras incursiones por Yangon yendo hacia Shwe Dagon, el templo principal de la ciudad, y uno de los más importantes de la cultura budista. De hecho según pudimos comprobar multitud de gente peregrina al país tan sólo para visitar la majestuosa pagoda dorada, recubierta en su cúspide con oro macizo, piedras preciosas y verdaderos pedruscos de diamantes. Tras subir por unas escalinatas (previamente nos hemos tenido que descalzar), en las que a ambos lados puedes comprar cualquier tipo de ofrenda, llegas a la entrada donde a los turistas se les cobra. Ahí fue donde también nos sorprendió un detalle curioso, costaba 5$, ya que los precios siempre te los ponen en dólares y luego te aplica el cambio si das a pagar en la moneda local, y el cambio que aplica no es el de 450Kyats, que es el que te ofrecen en los lugares de cambio oficial, si no que te aplican el cambio de 1.100, que es el más alto que puedes encontrar en el mercado negro. Curioso no es así. Desde aquí entras en lo que es el templo. Algo verdaderamente impresionante.

Consiste en una gran pagoda central rodeada de cientos de pequeñas pagodas doradas y de imágenes de buda. Haciendo un círculo a su alrededor, con el suelo de mármol, diferentes edificios con budas en diferentes posturas. Las gentes camina dando vueltas alrededor de la pagoda y se arrodillan a orar en cualquier punto del lugar. Hay desde monjes a familias enteras con los niños. Estos últimos van libremente por el recinto, corriendo y riendo. Totalmente al aire libre, es algo alucinante.

Cada vez que me ponía a hacer fotos y me daba la vuelta alguien había parado a Juanlu y le preguntaba de dónde era, dando lugar al comienzo de una conversación que se alargaría hasta donde el inglés de la persona le permitiera. Un pasote, ya que no sólo el sitio era precioso, sino que las personas te hacían sentir como en casa (nos recordó en mucho pequeños detalles al templo dorado de Amristar, en la India). Uno de los señores que conocimos nos mostró cómo si nos posicionábamos en determinados puntos de la pagoda podíamos observar los reflejos de los siete colores de los diamantes.


Shwe Dagon

Como un sol emergiendo de la tierra,

resplandeciente,

proyectándose hacia un cielo

que lo mira hipnotizado,

de un azul añil a un negro

se muda reluciente,

como fondo de un mágico decorado

nunca visto en el planeta.

Un diamante que refleja,

incandescente,

el arco iris del deseo

en su vértice colocado,

absorbe el reflejo

de miles de mentes,

de fieles que rezan sentados

entre inciensos y luces de vela.


Dispuestos a introducirnos en la profunda Birmania decidimos dirigirnos hacia Kalaw, un pequeño pueblecito en las montañas desde donde podríamos hacer algún trekking hacia pequeñas comunidades. Nos llevó un autobús, de no sabemos qué año, en el que pasamos más de 12 horas, siendo los únicos turistas y con todas las mochilas bajo nuestros pies, ya que también trasportaban todo tipo de mercancías y no había espacio en el maletero (todo el tiempo ponían videos musicales con lo que nos quedábamos alucinados por su “increíble” puesta en escena y los bailes de sus intérpretes). Nos habían dicho que las carretas de este país eran malísimas, pero nada más comenzar íbamos por una autopista prácticamente solos, y para nuestros adentros pensamos: “Éstos no saben lo que son carretas malas”. Pero sí que lo saben, y es que en cuanto se acabo la autopista no dabas crédito de la carreta, con cientos de socavones. El bus estaba previsto que llegara a eso de las 5 de la mañana pero finalmente llego a las 2. Así que nos vimos en mitad de vete tú a saber dónde, pensando a dónde vamos, cuando aparece una chica corriendo, en lo que podría ser una bata y empieza a preguntarnos que si teníamos hotel. Resultaba ser una guía a la que alguien había avisado al ver bajarse dos turistas del autobús. Ella nos llevó a un Hostel que estaba muy bien (por lo menos era limpio y barato) y a la mañana siguiente ya nos estaba ofreciendo el trekking.

Pasamos el día visitando una gruta en la que había cientos de imágenes de budas, y de nuevo pagodas, que ella misma nos indicó, alucinando en el camino con las gentes de la localidad, y lo bello del paraje de montaña en el que nos encontrábamos. Y es que por fin era monte y no selva lo que teníamos ante nosotros, con pinos y un frescor que ya echábamos de menos (que bueno eso de taparte con la mantita).

Por la tarde Tutu, nuestra guía, nos cambió los planes y es que el festival del lago Inle era justo en dos días y si hacíamos el trekking nos lo íbamos a perder (fijaros en la honestidad de estas gentes), así que nos devolvió el dinero que le habíamos entregado previamente y nos ofreció partir al día siguiente hacia el lago en un autobús local. Nosotros no dábamos crédito, y encantados aceptamos.

Para despedirnos del pueblo nos fuimos a dar una vueltecita a ver que nos encontrábamos y como hipnotizados por el sonido de una guitarra terminamos en un bareto de lo más peculiar. Al estilo de barra americana, en un rectángulo que apenas cabían las sillas alrededor de la barra, con las paredes sin terminar y con una iluminación rosada. En él se encontraban no más de 15 hombres de diferentes edades que al sonar de la guitarra, todos a coro cantaban las canciones famosas del país. Para nuestra sorpresa tras un rato allí, y con la gente venga a intentar hablar con nosotros, nos explicaron que cada 24 de cada mes donaban lo que recaudaban entre todos ellos a un hospital de la zona (nos enseñaron los papeles de las entregas a dicho hospital) para medicinas de la gente pobre, y es que en este país la sanidad no es ni mucho menos pública. Al día siguiente, era 24, y nos ofrecieron ir con ellos a hacer la entrega del bote de ese mes, pero con toda nuestra pena tuvimos que decirles que no, ya que teníamos el autobús por la mañana. Fue un grato momento y una grata sorpresa ver el movimiento social que hay entre las gentes de los pueblos, que no tienen tampoco mucho, y dan todo lo que pueden y más (por supuesto nosotros colaboramos).

Total, que alucinados, encantados y con ganas de mucho más, proseguimos en nuestro peregrinaje por este país, que pese a su pobreza económica, es rica en valores y en sonrisas, pero como siempre chicos eso será ya parte de otra historia.

Mil besos a todos.

Cris y Juanlu

Massaleros Vuelta al Mundo

lunes, 21 de septiembre de 2009

Same same but different. Ohh My Burha!!

Y es que si tenemos una frase que es símbolo de este país esta es “Same, same…but different”, que significa “igual, igual…pero diferente”. Ellos la usan constantemente, y en momento en el que eres tú el que la suelta, una sonrisa sale desprendida de sus caras. No pudimos remediar que se convirtiera en parte del himno de ese equipo sevillano, que emocionado, seguía su rumbo por tierras tailandesas hacia Chiang Mai, donde los massaleros ya habían estado, y donde la aventura fue …same same, but different. Tras interminables esperas y trayectos en barco, bus y avión por fin llegó la avanzadilla del grupo a esta mítica ciudad (Juanlu y yo nos tuvimos que quedar un día en Bangkok para gestionar el visado de nuestro siguiente destino) disfrutaron de sus templos, mercados y de los suculentos masajes tailandeses. Estos últimos, lejos de ser relajantes momentos, se convierten en una mezcla de placer y dolor donde las posturas y los movimientos que hacen con tu cuerpo provocan crujidos en cada vertebra de la columna, y donde todos los músculos son golpeados por el masajista, que puede ser desde una menuda mujer a un Ladyboy, que por aquí abundan. Resulta también curioso este último punto, ya que te encuentras innumerables Ladyboys en cualquier parte del país. Pintadas y repintadas, se trata de algo totalmente aceptado en Thailandia, y es que con lo femeninas que son las facciones en este punto del planeta no es de sorprender que haya tanto de este fenómeno.


Una vez nos encontramos de nuevo en Chiang Mai nos dispusimos a realizar un trekking de dos días y una noche por las montañas del norte. Comenzamos visitando un mercadillo local en el que mujeres de comunidades locales no paraban de intentar venderte cualquier cosa y de cachondearse de nosotros enseñándonos palabras que sin saber que significaban les provocaban carcajadas en cuanto eran pronunciadas por nosotros. Y nada más que por ello era repetido por nosotros una y otra vez alucinando con tan divertida reacción. En dicho mercado pudimos ver de nuevo saltamontes, cucarachas y gusanos fritos que desde lejos observábamos.

Días más tarde y como despedida de Thailandia Blanca y yo nos aventuramos a probar un saltamontes y un gusano. Te lo ponen con una salsa como de soja y sal. La textura es crujiente y una vez que te quitas los tabúes de la cabeza son realmente sabrosos. El gusano sí que tiene un sabor más fuerte pero tampoco era algo incomible. Es curioso lo que la mente puede hacer en estos casos ya que no es más que a lo que estamos acostumbrados y a lo que no. Aunque debemos reconocer que no se nos pasó por la mente probar una cucaracha, eso lo dejamos para otra ocasión, quizás.

Comenzamos la aventura con un maravilloso paseo en elefante. Precioso animal que con su nobleza te provoca una ternura sin igual, pero que su fuerza hace temer el peor de los finales. Subidos sobre ellos, pudimos ver el dominio que Domi tenía para conducirlo por el camino deseado o para que le diera la trompa a modo de amistad. También nos seguía un Dumbito (un elefante pequeño) que nos hacía sacar nuestro lado más tierno.

Retozándose en las aguas de los ríos y en cualquier trozo de tierra, nos dejaba alucinando cuando se agarraba del rabo de su madre. Aunque corto, el paseo nos hizo deleitarnos con la exuberante vegetación y sacó risas de todo tipo de nosotros. Para colmo parecía que los rituales de budú de Inma sobre la cisterna del wáter parecían no surtir efecto (más tarde veríamos que si dieron su fruto), ya que un maravillosos día soleado nos estaba siendo regalado.

De aquí, y tras un suculento almuerzo, comenzamos lo que sería una caminata de 3 horas. Nos alucinaba el entorno por el que pasábamos, verdes de cientos de tonalidades diferentes, selvas de bambú y hojas de tamaños gigantescas, eso sí, muy pocos animales surcaron por nuestros alrededores, tan sólo oíamos los sonidos que nuestro guía hacía, no sabemos si por asustarnos a nosotros o a los animales que sin verlos podrían estar por los alrededores.

El momento duro llegó cuando comenzamos a subir y subir y subir y subir, convirtiendo lo que pensábamos como un paseo por la selva en un calvario. El sudor empapaba nuestras ropas, y las zapatillas de algunos de nosotros se comenzaban a teñirse del marrón rojizo del barro dando pie a continuos resbalones. El cansancio se apoderaba de nosotros y no veíamos el momento de llegar a nuestro destino.

Por fin, al fondo divisamos una pequeña comunidad, justo en la cima de la montaña en la que nos encontrábamos. Las cabañas de bambú con techos de una especie de paja y los cultivos de arroz en los alrededores. Tuvimos que atravesar dichos cultivos para llegar a la aldea, a lo que el Domi, que ya estaba en el tope de sus fuerzas decía “Esto es foco de todo tipo de infecciones”.



Selva tailandesa


Atronadores ruidos,

las nubes se pelean,

llama al cielo la tierra,

éste, le contesta

con luces de castigo

y avisos de tormenta.

Corazones en vilo,

la selva tailandesa,

no se acostumbra, tiembla,

lloran árboles y ríos,

acojonadas las piedras

y los señores del cultivo.

Todos los enemigos

al mismo tiempo se concentran,

se escuchan, se hacen amigos,

al unísono se manifiestan,

entre cánticos y gritos

del amor a la naturaleza.

Llegamos al que sería nuestro hogar por esa noche con unas preciosas vistas de todo el valle que habíamos recorrido. Allí dormiríamos el grupo entero (a parte de nosotros 8, se nos había unido Jordi, un catalán cachondísimo, y un grupo de 4 franceses que se lo pasaron bomba con nosotros y con todas nuestras payasadas).

Las camas consistían en pequeños futones sobre el suelo de bambú y almohadas que parecían piedras por su dureza, eso sí protegidos por mosquiteras. La verdad es que no podíamos pedir más…bueno sí …tras el esfuerzo una buena ducha y una cervecita. Y ambas cosas las teníamos, lo cual fue una gratísima sorpresa para muchos. Y es que siendo una comunidad sin luz eléctrica y con una penosa comunicación por tierra con las ciudades más cercanas, están acostumbras a recibir turistas y la verdad es que han sabido adaptarse perfectamente a cubrir las nuestras necesidades, así como a hacer algo de negocio vendiendo algunas cervezas y agua fresquita (y menos mal ya que nuestra previsión de agua fue muy nefasta y llegamos a la comunidad con apenas una botella para los 8).


Con un paseo por la comunidad pudimos ver como convivían y como era la calidad de vida de sus gentes, pasamos a una velada que se convirtió en uno de esos preciosos momentos que jamás olvidaremos en nuestras vidas. Comenzó con una cena servida sobre el suelo, iluminados por la luz de las velas. Una deliciosa sopa de calabaza, arrocito (como no podía ser de otra forma, y es que el arroz comienza a salir por los orejas de algunos de nosotros) verduras rehogadas y unos trocitos de pollo fritos. Una verdadera delicia. Tras ello al asomarnos, a la que podríamos llamar terracita, divisamos como una tormenta eléctrica se iba acercando cada vez más a nosotros (se trataba quizás de las luces del baño donde Inma hacía sus rituales??).


Nos refugiamos dentro y uno de los guías (al que terminamos llamando “Oh My Burha” ya que era la frase que no paraba de soltar en todo momento, y que nos dejaba de hacernos partirnos de risa cada vez que la oíamos) comenzó a deleitarnos con una guitarra (y nos podríamos preguntar qué hacía una guitarra en esa comunidad, ya que no se trata de ningún instrumento tradicional de la zona, jeje!).

Canciones como los Beatles, Bobo Marley, Eric klapton,… cantadas a coro (más bien susurradas ya que no nos sabíamos muy bien las letras) hicieron del momento algo verdaderamente mágico. La felicidad nos inundaba cuando un tremendo estruendo, como si hubiera explotado algo junto a nosotros y una intensa luz al unísono encogió nuestros corazones. Se trataba de un rayo que cayó muy, pero que muy cerca de nosotros. Comenzó una intensa lluvia que no pararía en mucho rato.


A la mañana siguiente la lluvia continuaba, haciendo de ir al baño una aventura sin igual. Tras el desayuno y una larga espera, a ver si amainaba la lluvia, tomamos la decisión de no ir hacia la cascada, como estaba previsto. Nos preparamos como pudimos para que las pertenencias no se nos empaparan (no sería así de nosotros que acabamos calados hasta los huesos, si Inmi dio resultado tu encantamiento, jeje!!) con chubasqueros colocados estratégicamente, nos dispusimos a comenzar la bajada. Llegamos al río tras más de una hora y media bajo la lluvia. Allí nos esperaban las lanchas para el rafting. Con nuestros salvavidas, cascos y las palas para remar, nos dieron las instrucciones de cómo debíamos hacerlo para “raftear”. No sé cómo describir lo sentido en el rafting y creo que lo mejor es verlo en una imagen (la foto que os hemos puesto). Tan solo un comentario, cuando estábamos en medio de uno de los rápidos Inma gritaba “Yo me quiero ir a mi casa” y las risas de todos ponían telón de fondo a tan apasionante momento.


Con esto nos despedimos de Chiang Mai y tomamos rumbo hacia Bangkok, de nuevo en un infernal autobús de más de 12 horas. Llegamos a la capital derrotados y dispuestos a hacer esas últimas compras antes de partir. También no quisimos perder la oportunidad de darnos unos últimos masajes Thais, de pies, limpiezas faciales, pedicuras o todo aquello que nos ofrecieran para ponernos lo mejor posible para la despedida.



No tenemos palabras para describir lo maravillosos que han sido estos días que hemos compartido. Gracias por vuestras risas, por vuestros abrazos, por esas maravillosas conversaciones y reflexiones. Blankits, te hemos sentido por completo, bella como eres, natural como la vida misma, feliz y poniendo esa alegría a las cosas que tan solo tú tienes. Sabes lo mucho que te queremos, y lo importante que eres para mí, me he sentido muy cerca de ti y eso me llena de alegría. Inmortal estás feliz, te sentimos feliz y es que lo irradias constantemente, y eso nos hace feliz a nosotros, y nos encanta verte así. Jóse, eres un tío genial, atento, siempre pendiente de que no nos falte de ná, y eso es algo maravilloso en las personas ya que denota un amor incondicional hacia los demás. Dominik, mi Dominika del alma, eres un ser especial, y especial es la chispa que pones a la vida y las cosas que haces y sientes. Espontáneo y natural, así te queremos siempre. Juanjo, tus ganas de absorber todo lo sentido y vivido estos días, así como tus risas y carcajadas nos muestran un hombre con ganas de vivir la vida y cada instante como si fuera único, sintiéndote dentro del espíritu massalero que tanto nos une y motiva. Juanito….no tenemos palabras, nos sobran las palabras. Sabes que te hemos sentido y sabemos que tú, nos has sentido a nosotros de una forma muy profunda. Eres un ser único y cuando uno se encuentra con un ser como tú, sólo se puede sentir amor hacia él. Gracias a todos, de verdad muchas gracias.


Un ser especial


Cuando en tu camino,

tu vida, tu destino,

se cruza un ser especial,

las puerta de los abismos

se cierran sin espejismos

y nace una profunda amistad.

Corazones distintos

fluyen a idéntico ritmo

en el amor y la libertad,

llenos de paz y cariño,

de respeto a uno mismo,

siempre pensando en los demás.

Cuando en tu camino,

tu vida, tu destino,

se cruza un ser especial,

no existe más compromiso

que dejar a los sentidos

hacia el infinito volar.

Y bueno la despedida la verdad es que fue un tanto accidentada ya que Dominik no quería irse del país y con un dolor muy grande de cabeza decidió abandonar el avión una vez estaba ya dentro de él. Así probó lo que es estar en un hospital en Tailandia (parecido a un hotel de 5 estrellas, y no es broma). Pero fuera de cachondeo sabemos que lo pasaste mal en estos últimos momentos, y esperamos que ya en casa te recuperes de este susto. Cuida mucho ese cuerpo serrano.

Nosotros por nuestra parte partimos hacia Myanmar (llamada con anterioridad: Birmania) para vivir otra realidad y otro mundo siendo ya esto parte de otra historia.



Cris y Juanlu

Massaleros Vuelta al Mundo

martes, 15 de septiembre de 2009

El espritu massalero se crece

No nos lo podíamos creer. Los massaleros crecen, se multiplican y hacen de este espíritu algo muy, pero que muy grande. Por fin en la isla de ko Samui se unieron el equipo sevillano con ese salero que no tiene igual. Inma, Jose, Dominik, Juanito y Juanjo se nos han unido por fin, y aún no conociendo a algunos de ellos el ambiente que se respira es tan lindo y con tantas ganas de disfrutar cada instante con la mejor de la energías posibles. No tenemos palabras para dar las gracias por esta bendición divina que es la de poder compartir momentos con gente tan especial. Mil gracias chicos. Pero no es posible alcanzar el climax, ya que tenemos a unos massaleros de altura (Emily e Inma) que no se han podido unir, pero que llevándolos en nuestros corazones en todo momento, y estando presente en multitud de conversaciones, los sentimos presentes.

El espíritu massalero crece

Al espíritu massalero

le crecen las alas,

más alto vuela,

urcando los cielos,

sumergiéndose en las playas.

Corazones nuevos

amplían su mirada,

a su vida se entregan

como fieles compañeros

cautivados en su magia.

Los momentos son tan plenos

que sobran las palabras,

risas y abrazos en estrellas,

sobre el mar y la arena, sentimientos

y en el aire la unión de las almas.


El encuentro como comentábamos fue en la isla de Ko Samui, y aunque el tiempo fue bueno la isla la verdad es que no nos encantó a ninguno de nosotros, así que decidimos partir hacia el paraíso…Ko Tao. El equipo sevillano había disfrutado y mucho, como ya os contaran de su llegada a Bangkok. Templos, mercados, shows, paseos y como no monzones fueron el telón de fondo de ese primer chapuzón en esta increíble tierra tailandesa.


Rumbo a Ko Tao montados en un ferry y con los pelos al viento las risas se hacían protagonistas de cualquier momento. Las palmas acompañaban a cantos de la tierra que nos hacían regresar a nuestra querida Andalucía. Y por fin llegamos con un tiempo que no nos lo podíamos creer. El cielo de un color azul intenso pintaba las aguas con un turquesa que quitaba el aliento. Con un calor aplastante buscamos la que sería nuestra casa por unos días. Frente a la playa, justo donde se pone el sol, no podíamos pedir más, pero nos fue otorgado.


La noche con cariocas y palos de fuego iluminaban esos bucket, y también los riquísimos Mai Thaiดs (una bebida local que está de muerte) que no paraban de salir de tras de la barra del que se convirtió en nuestro bar. Más españoles se nos unieron, entre ellos Jose de Madrid (con el que compartimos ferry, comidas y rutas playeras) unas chilenas encantadoras y gentes de multitud de lugares del mundo que querían recibir alguna que otra clase de esas cariocas que parecen tener un imán para la gente.

Por la mañana quisimos ir a visitar una islata de la que nos habian hablado. Consiste en tres islotes unidos por una lengua de arena blanca en la que se refugian arrecifes de coral con peces de cientos de colores. No quisimos perder la oportunidad de darles de comer a los peces y con los restos de un coco fuimos picoteados por los peces que nos rodeaban, increíble.



Las rocas grises que llegaban hasta la mismísima playa hacían postal en cualquier esquina. Resulta que esta isla es propiedad de un filántropo tailandés que ha creado una fundación para la preservación de la vida marina. No te permiten la entrada de plásticos de ningún tipo y tampoco el bucear con aletas por la posibilidad de dañar los preciados corales. Todos con nuestras gafas nos adentramos en ese paraíso no creyéndonos la suerte que estábamos teniendo por poder ver aquella maravilla.



En lo alto de uno de los islotes llegamos a un mirador desde donde la vista era impresionante. El calor se hacía insoportable y es que cuando el sol es el protagonista en estas latitudes el único lugar en el que podemos estar es en el agua, arrugados como pasas y fresquitos (y mira que el agua no es que esté fría pero al menos el sudor no cae).


A nuestra vuelta a Ko Tao el Thai masaje se escuchaba en cualquier esquina convirtiéndose en la banda musical de cualquier momento. Y es que en las islas vayas donde vayas hay mujeres ofreciéndote un masaje tailandés, y cada vez que pasas por delante te dicen "Thai Massage", y como teníamos un lugar de masaje justo al lado de nuestros bungalows pues no paramos de oírlo. Este masaje lejos de ser el relajante masaje que te imaginas consiste en un masaje más terapéutico que relajante en el que la mujer se sube sobre el interesado y lo retuerce en multitud de distintas posturas que hacen del momento algo bastante doloroso. Pero la verdad, y según nos cuentan los que lo han probado, al día siguiente te sientes de maravilla, aunque no es de extrañar que te salgan algún que otro moratón en el cuerpo por la cantidad de apretones que te meten.


Al día siguiente quisimos deleitaros visitando de nuevo una playa paradisíaca, llamada "Fredom beach", en la que de nuevo el agua azul turquesa, las piedras inmensas y la tranquilidad que se respiraba, hicieron de nosotros las personas más felices del planeta. Alquilamos un Kayac de tres para todos (pensar que somos 8) así que imaginaros las risas. Investigando y descubriendo calitas de un lado para otro, otros relajados durmiendo a la sombra de las palmeras, de nuevo disfrutamos como locos de este paraíso….estábamos "EnKanTaos".



Razones para viajar
Despiertan los sentidos
que se encuentran dormidos
en la monotonía
del día a día.
Sorpresas constantes,
aventuras alucinantes,
agotadoras travesías
por caminos de mesías.
Rincones perdidos,
ciudades de sueños prohibidos,
paraísos naturales,
tiempo para uno mismo.
Personajes interesantes
se cruzan en el camino,
la mente se hace más grande
abierta y tolerante.
Búsqueda de lo desconocido,
costumbres y culturas distantes,
el mundo en que vivimos
enseña a disfrutarlo y sentirlo.


Salimos de las islas para seguir con nuestro periplo rumbo hacia el norte, Chiang Mai, en el que pretendemos sumergirnos en la selva y ver la parte salvaje de esta tierra, pero eso como siempre será parte de otra historia.

Cris, Blanca, Inma, Jose, Dominik, Juanito, Juanjo y Juanlu
Massaleros Vuelta al Mundo

lunes, 7 de septiembre de 2009

Familia Thailandesa

Y de nuevo los aviones para volver a la locura de Bangkok. En medio de la calle Rambutri, junto a Kao San Road, el encuentro fue efusivo y lleno de abrazos con Blanca e Iker. La alegría llenaba nuestras almas por vernos, y el entorno no podría ser más divertido. Tras unas primeras charlas nos sumergimos en la profunda Bangkok, yendo a ver el famoso Ping Pong Show, que nos dejó con la boca abierta. Contribuir a algo como aquello no nos gustó nada, pero por otro lado hay que ver las cosas para saber lo que a uno le gusta y lo que no.


Nos contaron Blanca e Iker como fue su llegada a la ciudad, “pasao por agua” y es que no podían haber tenido mejor recibimiento. Llegaron tras haber caído un gran monzón, y al bajarse del taxi el agua les llegaba hasta las rodillas. Las chanclas se salían de los pies, y todo era extraño. Las risas de ellos al narrar la historia nos denotaba que habían disfrutado del agua vendita de esta tierra.


Paseos por la ciudad nos llevaron hacia el mercado de las flores, donde también había todo tipo de frutas y pescados secos. Los adornos florales son muy usados en este país debido a las múltiples ofrendas que a diario se hacen hacia los dioses, y son verdaderas obras de arte.



De allí pasamos a visitar algunos templos y entramos en el barrio chino, donde se puede encontrar todo lo que uno quiera comprar. Pero nosotros lo que buscábamos era comida. La comida tailandesa de nuevo se convirtió en un placer a degustar para el nuevo equipo massalero, y no es para menos ya que está realmente exquisita y es muy rica en variedades, siendo la estrella, como siempre, el Pad Thai.



De nuevo pasamos por la gasolinera bar y quisimos ver el ambiente en los diferentes clubs. Si algo hay que contar es que los Thai´s no tienen buen ritmo bailando, aunque lo intentan con muchas ganas. Al día siguiente salimos rumbo hacia al sur, para poder recorrerlo hasta llegar a la mundialmente conocida como fiesta de la luna llena en Ko Phangan. Decidimos como destino Ko Lipe, isla de la que nos habían hablado alguien por el camino, y de la que nos habían dicho que era el destino perfecto, el paraíso. El medio de transporte seleccionado, el tren. Aún no lo habíamos probado aquí en Thailandia, es realmente confortable y divertido. Teníamos unas literas, con nuestras sabanas y todo. Y al fondo, un vagón bar en el que nos pasamos las horas jugando a las cartas y tomando cervecita Chang, la mejor cerveza tailandesa. El tren se paraba a cada rato con unos bruscos vaivenes (sino que se lo pregunten a Iker que llevaba la cabeza al revés en la litera y fue dándose golpes toda la noche) y un insoportable ruido por los frenos.


A la mañana nos paramos durante largo rato en un pueblo, el tren no arrancaba, viendo que había mucha gente que se cambiaba a otro que acabada de parar al lado, y tras preguntar cientos de veces “To Hat Yai?” decidimos coger las cosas y cambiarnos de tren en el último momento. Fue por ello que llegamos con retraso, y por tanto no pudimos coger el barco que nos llevaba a Ko Lipe, así que como la única opción para llegar a algún lado en ese mismo día desde la ciudad de Hat Yai era Ko Lanta, hacia allí nos dirigimos (pensar en la locura de haber bajado hasta llegar casi a Malasia para de nuevo subir otras cinco horas en coche, una verdadera locura, y muy hartos de tanto transporte). Como podéis imaginar después de usarlo tanto, Ko en thailandes significa Isla.


Llegando a Ko Lanta ya nos empezaron a contar que en temporada baja, que es en la que estábamos, aquello estaba muy tranquilo, en realidad la expresión que usaban era “muerto”. Y así nos lo encontramos. Estaba verdaderamente muerta la isla.



Nos alquilamos una moto y nos pusimos a recorrerla, comenzando por el pueblo antiguo que consistía en una ciudad sobre palos, y es que la isla está por un lado rodeada de manglares. El otro lado de la isla nos sorprendió con playas preciosas, y unas fuertes olas hicieron del baño una verdadera diversión. Pasamos una tarde rodeados del verde apabullante de la naturaleza y sumergidos bajo la fuerzas de los mares.


Ko Lanta

Un árbol retorcido
saliendo de la misma arena,
sirve como amigo
donde reposar las piernas.

Las olas emiten un ruido
tenue, pero a la vez cerca,
se mezcla con el sonido
del viento tras mis orejas.

Una guitarra ha venido
a ser compañía perfecta
de los oasis perdidos
y la Madre naturaleza.

Un coconut shake ya servido
mi garganta refresca,
la flor que he olido
a otro universo me lleva.

Son momentos que el olvido
para si quisiera,
y por eso, los escribo
antes de que Ko Lanta muera.



Por la noche buscamos algún sitio para mezclarnos con lugareños y lo encontramos. Allí fuimos Blanca y yo, mientras los otros nos esperaban en la moto, y vimos a dos mujeres comiendo mejillones al vapor con la botella de whisky thailandes, soda y hielo al lado. Ahí sí que íbamos a poder tener contacto con las lugareñas. Y así resultó. Una de las mujeres se sentó a nuestro lado mientras comíamos, nos invitó a comer mejillones, no paraba de contarnos su vida y nosotros de preguntar. Resultó super-divertido. Todo el tiempo nos hacía brindar por cualquier cosa (ella con su whisky nosotros con nuestra Chang).




Al día siguiente continuamos la búsqueda y nos dirigimos hacia Ko Phangan con idea de poder ver algo de la isla y buscar algún alojamiento barato ya que durante la luna llena se pone hasta arriba de gente. De nuevo Van, Taxi, bus y otro bus, barco, y parce que nunca iba a terminar pero por fin llegamos a la isla, de noche, habiendo invertido todo el día, y cansados, muy cansados. Nos dirigimos hacia la zona de Hat Rin que es donde se concentra todo el ambiente juvenil, y donde se celebra la famosa fiesta y encontramos unos bungalows preciosos, en la playa al lado de donde se celebra la gran fiesta. De madera, pintados de colores, cada uno parece hecho por alguien diferente, justo en primera línea de playa y por tan solo 4 euros. No nos lo podíamos creer. Claro que luego nos dimos cuenta del por qué. Resulta que todos los días se celebra la llamada Pool Party, que consiste en una fiesta en una piscina, y la tenemos justo al lado por lo tanto escuchamos la música todas las noches. De todas formas el lugar merece realmente la pena.


De nuevo las motos fueron nuestras aliadas y nos dirigimos a perdernos por las carreteras para finalmente llegar a una playa llamada Hat Khom, un verdadero paraíso. El agua azul turquesa se reflejaba sobre una arena fina y blanca. Los arrecifes de coral hacían que las olas no llegaran hasta la orilla formándose una laguna natural. Unas rocas enormes de color gris posadas sobre la playa, en lo que podía ser una decoración perfecta. La naturaleza llegaba hasta la arena en forma de preciosas palmeras que se alzaban hacia el cielo. Y como guinda las hamacas que había por todos lados te invitaban al absoluto relax. Un verdadero paraíso. Y de él disfrutamos y nos relajamos completamente. No quisimos perdernos la oportunidad de divisar la vida marina y en esta ocasión acompañada por Blanca pudimos flipar con los corales que nos rodeaban. A la salida la marea había bajado y no podíamos salir por ningún lado por lo que acabamos escalando literalmente las rocas. Toda una aventurilla.

Hat Khom. Ko Phangan


Del silencio de la playa
convertida en laguna
a la bajamar,
se contagian
las sombras de las ramas,
que en un susurro de calma,
a la arena menuda
le cantan,
invadiéndola de paz.

El movimiento de las barcas
tras las piedras desnudas
refleja el coral,
la magia
de las aguas a franjas
en sales cargadas,
crea turquesas dunas
entregadas
a un embrujo de tranquilidad.



Conocimos en nuestro pequeño hogar (las cabañitas hippies de las que ya hablamos) a nuestros vecinos, que se convirtieron en compañeros de viaje desde entonces, Alex (francés) y Laila (colombiana).

Con ellos comenzamos una divertida noche tomando algo en los bungalows para después sumergirnos en un mundo que desconocíamos en la isla…la playa de Hat Rin Nok. No nos lo podíamos creer cuando de repente tras una calle, la multitud se agolpaba, las luces, el sonido…y la playa. Una grandísima fiesta delante de nosotros. Los bares ponían unos mega-altavoces mirando al mar y allí era la fiesta. Con una arena fina, como la harina, como suelo y música para todos los gustos como telón de fondo. Impresionante.
Los bucket (consisten en pequeños cubos de playa que se usan a modo de grandes vasos para la bebida) se convirtieron en nuestros aliados. Es realmente alucinante lo que en este lugar se monta. Toda la gente va con el cuerpo pintado con fluorescente con cualquier cosa que te imaginas. De hecho hay multitud de personas por la playa ofreciéndote pintarte el cuerpo con esas pinturas, y pancartas que te enseñan lo que te puedes pintar. De nuevo las cariocas y el palo de fuego eran protagonistas en cada esquina. Nosotros alucinábamos con cada pequeño detalle.



Al día siguiente quisimos disfrutar del ambiente de esta playa por completo y pasamos la tarde entera allí, disfrutando de unos ricos baños con un agua azul turquesa y una temperatura que hacía que estuvieras mejor dentro del agua que fuera. Descubrimos también nuestro mítico lugar en Ko Pangan, el Melow Bar. Desde lo alto de una roca divisabas todo el ambiente de la playa y la música sacaba los mejores bailes de nosotros. Formamos con todos los del bar un grupo fantástico. Y así fue como pasamos la maravillosa noche de la luna llena.




Ahora nos despedimos de Iker, que se va para las Islas Maldivas y se queda con nosotros Laila, para seguir descubriendo lo que esta isla de Ko Pangan tiene aun por mostrarnos, pero eso ya será parte de otra historia.

Blanca, Iker, Cris y Juanlu
Massaleros Vuelta al Mundo