jueves, 16 de abril de 2009

Vueltas por Bolivia

La verdad es que estos días han estado llenos de tranquilidad y sosiego, horas tirados en una cama que la verdad nos hacía falta. En primer lugar por Tupiza, un pequeño pueblo cerca de la frontera con Argentina, en el que de nuevo las quebradas de colores nos hacían tener alucinaciones.


Aprovechamos para dar una vuelta en caballo por la zona y disfrutamos viendo el Cañón del Inca o los llamados machos (por su forma…os podéis imaginar cómo eran). Eso de montar a caballo siempre nos encantó pero las agujetas que acompañan luego nos hicieron acordarnos de los caballos durante largo tiempo.

Tupiza

Galopando a través de montañas
que pasan del rojo al gris en una mirada.
Disfrutando de las tranquilas mañanas,
el Quechua al oído nos susurraba.

Tupiza, vive despacio,
Tupiza, no tiene prisa,
Tupiza, a caballo,
a sus lomos el pueblo Inca.

Mezclándonos en su vida cotidiana,
intentos por conocer la cultura Aymara.
Volando a través de sus quebradas,
intuyendo al Guarní que por allí habitaba.

Tupiza, vive despacio,
Tupiza, no tiene prisa,
Tupiza, a caballo,
a sus lomos el pueblo Inca.

Cambiar de ciudad es algo que nos da pereza en Bolivia, ya que tan solo hay buses por la noche, y las carreteras son un verdadero infierno. Pero aun así no nos queremos perder la oportunidad y nos dirigimos hacia Tarija, conocido en el país por sus bodegas. Allí fuimos también a diferentes pozas donde nos pudríamos bañar, de no ser por la temperatura de estas gélidas aguas.


De ruta por el Valle de la Concepción, que es donde están las bodegas, damos con un lugar que nos encantó especialmente “La bodega del Abuelo”. Allí estaban rodando un documental sobre Tarija y sus alrededores, y entrevistando a Fito, el dueño del lugar. Como somos poco curiosos nos quedamos a ver la entrevista y enterarnos de algo más (que si el cine de la zona, los encuentros de arte y vino,…). Al terminar nos hicieron una entrevista a nosotros también, como turistas de la zona para el documental. Fue curioso ya que somos nosotros los que estamos entrevistando a gente y de repente nos vemos nosotros delante de la cámara. Todo ello dio pie a que acabáramos abriendo una botella de un buen vino con el dueño del lugar y disfrutáramos de un grato momento compartiendo opiniones sobre su país. Y es que hasta ahora con los que hemos tenido la posibilidad de hablar han sido siempre gente de movimientos sociales, y poder hablar con personas de otro estrato social te abre la mente sobre el pensar del “otro” lado del país. Y es que aquí realmente hay un país dividido entre los del altiplano y los de las zonas bajas. Fito y Mirry, su mujer mexicana, nos hicieron sentir como en casa.

Tarija

El Gatto pardo,
la terraza de un bar
en la plaza principal
de la Tarija sureña.

Concurrido, su céntrico mercado,
las señoras del campo a vender
frutas y hortalizas a crecer
en sus propias huertas.

Los jardines cuidados,
el río Guadalquivir,
las casas estilo andalusí
y la gente cercana y abierta.

Los vinos, fuertes y cuitados
del Valle de la Concepción,
siembran parangón
culta uva de escuela.

En Tomatitas y Coimata unos baños,
en San Jacinto, presa y lago azul ,
en esta Chuquisaca del sur
caracterizada por su mezcla.

Momentos como estos, así como la tranquilidad con la que últimamente nos estamos moviendo, nos hacen reflexionar. Por un lado sobre la situación de un país en el que lo nuevo da la espalda a lo viejo, y viceversa. Y donde la confrontación no hace más que crecer, ya que las diferencias sociales son muy grandes, y crean abismos entre dos realidades compartidas en un mismo territorio.

Igualmente reflexionamos sobre nuestro viaje y como éste está siendo mucho más de lo que jamás habíamos pensado. Cómo la gente que nos encontramos no para de abrirnos poco a poco nuestras mentes hacia nuevos paradigmas, y nuevas realidades. Y lo mas importante, como nos damos cuenta de que los sueños son posibles. Los sueños, se hacen realidad. Y es que hay que tener mucho cuidado con lo que uno desea, por que el universo está atento. Tan solo hay que proyectar la energía hacia ellos, y realmente perseguirlos, para que de repente, ahí estén. No hay nada que esté en contra de un sueño, sólo nosotros mismos y nuestros miedos.

Por último, la pareja massalera esta más fuerte y más unida que nunca. Las miradas de complicidad se hacen patentes a cada instante. Y es que estamos viviendo muchas realidades diferentes a las que te tienes que adaptar rápidamente, y en eso vamos los dos siempre a la par. No quiere decir que no tengamos momentos duros y tensos, pero la fuerza entre nosotros no hace más que crecer ante ellos. Es algo precioso. Nos cuidamos y nos amamos intensamente, y lo más importante apreciamos cada pequeño regalo que nos da cada día como único. Estamos abiertos a todo, y seguros de que el “Secreto” nos acompaña a cada paso.

Decidimos cambiar de medio de transporte del autobús hacia el tren, pero para ello había que llegar a Villamontes, y por tanto, de nuevo pasar una de esas maravillosas veladas de nuevo por las carretas bolivianas. En este caso nos sorprende en mitad de la noche un atasco inmenso porque un autobús se había quedado varado en uno de los caminos por las lluvias.



La sorpresa fue que cuando llegamos resultaba que el tren salía al día siguiente por lo que nos quedamos un día en ese lugar en el que no había nada, y cuando decimos nada es nada, que hacer. Lo bueno es que pudimos probar el pescado de la zona (sábalos y zuribis) y dar vueltas y más vueltas. De nuevo descanso, pero el gusano de la aventura no para de llamar a nuestras puertas. Y es que decidimos acortar nuestra estancia en Santa Cruz, hacia donde nos dirigíamos, para ir rápido a Cochabamba donde habíamos quedado con Jerónimo, un francés que conocemos por Caochsurfing (es algo maravilloso, nos enteramos por los viajeros, consiste en un lugar en el que te das de alta en internet y la gente te ofrece alojamiento gratuito por todo el mundo, así tienes la oportunidad de conocer a gente y reducir los gastos en el viaje). El trabaja en una Fundación llamada DELPIA con la que vamos a ir a vivir durante 4 días con una comunidad indígena en medio de la selva. Estábamos emocionados por la experiencia que estábamos a punto de vivir.


Por fin salía nuestro tren y en la estación coincidimos con gente de la comunidad alemana de AMYS que hay por la zona. Nos sorprenden sus atuendos, de campesinos de hace 1 siglo, y el hecho de que no hablen español, tan solo alemán. Como pueden vivir en un país sin llegar a saber tan solo el idioma del mismo? Ya en el tren coincidimos con unas chicas argentinas con las que por supuesto hicimos buenas migas, y nos reímos a destajo.




La sorpresa vino cuando nuestro vagón descarrilo y nos quedamos parados a tan solo una hora de Santa Cruz. Total que cogimos las maletas y en mitad de un camino de tierra paramos a un taxi y le dijimos que nos llevara a Santa Cruz, otra aventura. Allí estuvimos tan solo un día, que curiosidades tiene la misma bandera que la de Andalucia) por que como os contamos nos dirigíamos entusiasmados para Cochabamba.

Juanlu entre tanto este emocionadísimo aprendiendo Quechua, con la intención de poder hablar y acercarse más a un a la gente del lugar. Para ello se compró un librito con el que empieza a dar sus primeras andadas en este idioma descendiente de los Incas (en Bolivia se habla Quechua, Aymara y Guraní, principalmente, ya que hay más de 15 dialectos entre ellos el Yurakaré que se habla en la comunidad que vamos a visitar).



Total que con los ánimos a tope y muy excitados por la experiencia que nos espera nos vamos rumbo a Cochabamba donde tendremos una de las experiencias más alucinantes del viaje en la Comunidad indígena del Sanandita, pero chicos de nuevo esto es parte de otra historia.

Un besazo enorme a todos.

Ama Sua
Ama Llulla
Ama Quilla
Ama Llunk’u

(Saludo Quetchua)

Cris y Juanlu
Massaleros Vuelta al Mundo

martes, 7 de abril de 2009

Alta y profunda Bolivia

Bolivia es un país realmente diferente, con identidad propia. Sus mujeres (siempre con trenzas largas y gorro), sus vestimentas, sus leguas (multitud de gente te habla mejor quechua que castellano en la zona andina). Y aquí seguimos dispuestos a empaparnos de esta cultura y de sus gentes.


Sin saber muy bien a donde íbamos, tomamos el bus hacia Potosí, donde resultamos ser los únicos extranjeros. El autobús, destartalado y con carteles que decían “no escupir” nos llamó mucho la atención. Nuestros compañeros de viaje resultaban ser lugareños que subían con mantas, pero tanto frío haría? El camino para llegar lejos de ser una carretera era un tortuoso sendero de tierra. El traqueteo hacía que las ventanas no pararan de abrirse, y por tanto el frío que entraba era muy considerable, las curvas, las subidas, las bajadas…una completa locura de 7 horas que se hicieron eternas. Empezamos a notar que es viajar por este país.


Potosí es una hermosa ciudad que se encuentra sobre cerros. La plaza principal está a 4.060m de altitud, pero la zona alta de la ciudad llega a más de 4.200m. Justo al fondo se encuentra el famoso “Cerro Rico”, es allí de donde se llevan extrayendo minerales desde hace más de 500 años. Nosotros los españoles somos muy conocidos aquí ya que fuimos los que extrajimos la mayoría del mineral de la que fue considerada la mayor mina de plata del planeta. Hoy en día ya solo quedan pequeñas betas de diversos minerales y las cooperativas siguen extrayéndolas en condiciones infrahumanas.


Tras pensarlo largamente decidimos hacer una visita al cerro. Allí vamos los tres aventureros (Colorines, Juanlu y yo) y un italiano de 55 años Annibal, junto a una guía, decididos a ver como son las famosas minas. En primer lugar nos dirigimos al mercado minero. En él compras regalos para los mineros (una bolsa de coca, alcohol etílico de 96º que beben directamente, refrescos, dinamita, detonadores, herramientas, etc).


Con nuestros regalos partimos dirección al cerro. En primer lugar fuimos a ver a las mujeres de la mina. Ellas son las encargadas de buscar entre los escombros posibles minerales desechados. Las condiciones en las que trabajan son inimaginables. Señoras mayores con las que puedes hablar debido a que le llevas regalos. Es la hora del almuerzo para ellas, y en su parada no hacen más que mascar hojas de Coca. Cuando le damos una botellita de alcohol etílico primero ofrecen a la Pachamama unos chorritos del preciado líquido antes de empezar a engullirlo. Al ver que se acercaba una compañera lo esconden para que nos les pida un poco del mismo. Son viudas de mineros que según ellas mismas nos dijeron “Moriremos trabajando en la mina”.




De ahí pasamos a una de la minas. Sólo la entrada nos dejó pasmados (es la foto que sale). Los mineros no mascan Coca tienen verdaderos bolones en sus bocas. Las condiciones de la mina y las técnicas de extracción son las mismas que se usaban hace 500 años. Los raíles de los vagones aún son de madera. Los apuntalamientos, cuando existen, dan miedo.


Una vez dentro, a unos 100m encontramos al TITO. Llaman así a una figura del demonio que se encuentra dentro de la mina. En cada mina hay un TITO al cual veneran. Cogieron uno de los cigarros que traíamos para los mineros, lo encendieron y se lo pusieron en la boca a la figura. Con otra pequeña botella de alcohol, primero vertieron algunos chorros sobre el suelo alrededor del TITO, como ofrenda, y luego lo bebieron. Esta figura tiene un gran falo con el que dicen procrea con la Pachamama, para dar los grandes frutos de la tierra. Es una verdadera creencia, y todo esto dentro de la mina.


Seguimos caminando por dentro de ella y llegamos al lugar de trabajo de los mineros (por supuesto nos dieron todo el equipo para poder entrar). Allí vimos como preparaban una explosión. Fue un momento muy agobiante y excitante el esperar el estruendo de la mina con la dinamita. No paras de pensar que se puede venir abajo en cualquier momento. Pero lo traumático de todo ello no es que nosotros estemos allí, si no que sean las condiciones de trabajo de miles de personas en la ciudad. Además, por el hecho de que sean cooperativas las empresas encargadas de la extracción, las condiciones económicas no son para nada mejores, sino todo lo contrario.


Tuvimos la oportunidad igualmente de estar con la fundación Voces Libres (
http://www.voceslibres.org/) que trabaja en la realidad de la mina ayudando a mujeres y niños. Estuvimos en un centro de acogida de niños y tuvimos la oportunidad de hablar con Maura. Ella vivió en el cerro durante muchos años, y nos contaba de primera mano cómo es la vida allí. Ahora se dedica a apoyar a mujeres y niños que quieran salir de esa realidad e intentar, con la ayuda de la fundación, la búsqueda de una nueva forma de vida. Estuvimos dos días con ellos. El primero, nos enseñaron todo el centro y tuvimos la fortuna de ser invitados a comer con ellas y con los niños. Entre las niñas estaba Reina, niña huérfana. La sacaron de la mina hacía algo más de un año, le tuvieron que cortar una de sus piernitas por una herida mal curada. Esa es la dura realidad que viven los niños del cerro.



La verdad es que la experiencia en Potosí fue muy dura para todos nosotros, tanto por lo visto, vivido y sentido, como por la altura. Pero igualmente creemos que es necesario que sepamos lo que ocurre en este lugar lejos del simple circuito turístico. Es precisamente por eso por lo que también estamos viajando. Y la lectura final es positiva, ya que la charla con una mujer como Maura no puede más que darte fuerzas. Y a ella dedicamos esta poesía:
Maura. Minas de Potosi

Sus motores encharcados
a las puertas del infierno,
su sangre salta a borbotones,
aquellos años fueron eternos,
su corazón son nudos de corazones.

La luz que ya nunca pensaba
apareció un día a su encuentro,
llenó de aire sus pulmones,
y con la fuerza que guardaba dentro
buscó en la vida sus soluciones.

Cerro Rico, una esperanza,
sus ojos brillan ante el miedo
el reflejo de sus emociones
a flor de piel ofrece consuelo
y en el cielo el perdón a los pecadores.

¿De dónde sacas el coraje y la garra?
¿Dónde tus fuerzas retoman el vuelo?
¿Cómo la energía de los sufridores
levanta y empuja el Cerro
a huir de sí mismo y sus perdiciones?


También empezamos a ver que este país es diferente, por el hecho de que la gente sale a la calle a hacer protestas constantemente. Vimos protestas de escolares contra la ceguera (por el sol de la altura necesitan dietas más ricas en vitaminas), la tuberculosis, el cambio de la sede del poder Judicial y eso que solo llevamos una semana, veremos a ver que nos espera en el mes entero.


Decidimos, de nuevo los tres, bajar de altura para ver si nos encontramos algo mejor y es por ello que nos dirigimos a Sucre, antigua capital de la República. Ésta resultó ser una ciudad super-animada, por la cantidad de gente joven que va a la universidad allí. Su mirador de Recoleta, sus bares, sus gente, su ambiente. Definitivamente estamos en la gloria en este lugar. Aunque ahora lo que nos ataca es una pequeña brote de indigestiones varias, que con un poco de reposo enseguida desaparecen. Desde luego estamos en otro mundo.


Sucre

Azúcar, tu nombre,
por tus venas la urbe,
nace de un tímido pueblo
que en protestas se cubre.

Capital de la República
la proclaman algunos ilustres,
fieles seguidores de las leyes
que no siempre se cumplen.

Su agitada vida
de esperanzas se nutre,
venida de todos los rincones
en forma de juventudes.

Desde el barrio Recoletas,
más cerca de las nubes,
frío y calor se cuentan
secretos con juegos de luces.


Tarabuco es una aldea cerca de Sucre a la que fuimos al mercado del domingo. Se trata de un colorista y tímido rincón del mundo. Lindísimos sombreros de colores y brillos cuelgan de las cabezas de las mujeres. Es muy difícil hablar con la gente aquí, ya que solo hablan Quechua, pero aún así no queremos perdernos la oportunidad de intentarlo. El domingo es el día en el que los campesinos se acercan a la aldea a ofrecer sus productos, e incluso a hacer trueques. Es un verdadero y mágico viaje en el tiempo.


Fue en la plaza de este lugar donde de nuevo nos encontramos futbolines y donde pudimos disfrutar del encuentro España-Bolivia. Divertidísimo.


De nuevo llega el momento de partir, en otro atroz autobús, por otros caminos de infierno. Pero con una pena adicional y es que nuestro maravilloso y animado compañero de aventuras COLORINES nos abandona. Ya se tiene que volver a España, y le queda aún un trayecto de más de 40 horas hasta llegar a Buenos Aires. Colo, ha sido un verdadero honor el compartir con una persona como tú, estos días. Eres un ser maravilloso. Tu humor hace que la vida sea más alegre a tu lado. Dale Colo, Dale. Con gente como tú la familia Massalera no hace más que crecer.


En Tupiza nos despedimos, pasando los dos massaleros a una nueva etapa del viaje, pero esto de nuevo es parte de otra historia.

Un fuerte abrazo a la familia massalera.

Cris y Jualu
Massaleros Vuelta al Mundo.