
Hay un pequeño detalle del que nos percatamos al instante, y que nos hizo mucha ilusión a todos. Resulta que Almu nos ha ido regalando, en diferentes momentos del tiempo a cada unos de los componentes del equipo, un pañuelo palestino de diferentes colores (Rojo, Verde, Gris y Amarillo). Este pañuelo si observáis en las fotos está siempre con nosotros, y nos hace recordar a una massalera de altura como Almu, y a su vez nos reconoce como el equipo que somos. Gracias Almu.
Tras paseos por el barrio de brujas nos encontramos con Patricia Bustamante, directora de la contraparte (ONG Boliviana) con la que Jandro estuvo el año pasado de voluntario. La verdad es que el encuentro fue muy interesante en todos los aspectos, ya que hablamos durante largo tiempo sobre la realidad de Bolivia y el boliviano. Entre las cosas de las que hablamos resulto muy interesante la descripción que nos hicieron de la Cárcel de San Pedro, en la Paz. En ella hay una clara división según el estatus social de cada uno de los presos, donde la posición y su supervivencia en el lugar viene determinado por el oficio que este pueda desempeñar en tan imponente lugar. Carpinteros, panaderos, lavanderías. Estaba el que por un boliviano te va a buscar, desde las rejas que separan a dentro y fuera, a alguien dentro de la cárcel. O el que te hace la visita guiada y te garantiza la seguridad dentro del recinto. Y es que la gente entra y sale de este lugar como si tal cosa. Los presos viven con sus familias y los niños salen por la mañana para ir a la escuela y regresan a la tarde. Puede alquilar una celda para pasar una noche. Y según el tipo de celda pagabas un precio y otro. Decían que resultaba ser como una pequeña ciudad de la Paz. Algo alucinante para una mentalidad como la nuestra.

El Alto. La Paz
Ladrillos y adobe
dominan El Alto
de la ciudad
de la Paz.
Sus luces nocturnas
como un manto
de estrellas en mar,
juegan todas juntas
a lucir sus brillos de paz.
En los montes se esconden
movimientos revolucionarios,
y de la necesidad
de libertad,
nace una tierna y profunda
idea de cambio,
y con firme voluntad
de que nadie los confunda
a donde quieran llegar.

Nos dimos unos buenos bailoteos en Mongo´s donde aunque no veías caras de indígenas si que había una gran mayoría de gente boliviana. El mal de altura parece que no nos afectaba.

Al día siguiente quedamos con Wendy y Emerson, amigos de una chica boliviana a la que Jandro también conocía del año anterior para darle unas cosas que le mandaban desde España. Nos fuimos a comer con ellos y la verdad es que de nuevo fuimos deleitados con conversaciones con las que no parábamos de entender más y más la realidad Boliviana.

La tarde la pasamos en un mirador desde donde podíamos divisar la ciudad entera de La Paz, y donde los paceños iban con sus críos a pasar la tarde. Cientos de polleras con destellos brillantes, y esos sombreros de copa que llevan las mujeres en este lugar. Cuenta la leyenda que un importador trajo una tirada de estos sombreros de época para hombre en la sociedad francesa, y que no consiguió venderlos entre los varones. Por ello se dedico a comentar que era el tocado de moda entre las damas de la alta sociedad francesa, y las mujeres empezaron a usarlo en la alta sociedad de La Paz, pasando más tarde a convertirse en parte del atuendo típico de la zona.

Por la noche de nuevos quedamos con Patricia en este caso porque queríamos hacerle la entrevista en video para la parte de los proyectos sociales. Cuál fue nuestra sorpresa cuando terminamos en casa de una amiga de ella, María, quien nos hablo de su vida, y de cómo tenía encuentros con sus amigas.

Nos sorprendió algo que ellas llamaron Pasanaku, un juego, según María y Patricia, pero que realmente nos pareció algo sorprendente (mezcla entre microcréditos, relaciones sociales, comercio, apoyo, comidas, risas). Se trata de un grupo de 12 mujeres que cada mes quedan para cenar en casa de una de ellas. Esta cobra un precio simbólico por hacer dicha cena (le dicen cena pero en realidad quedan sobre las 4 de la tarde). En ese encuentro todas las componentes del grupo ponen un cantidad de dinero que hayan acordado (todos los meses el mismo importe) y el integro de este dinero recaudado lo recibe la que organiza la cena (al inicio del juego se dividen por meses en función de la necesidad económica de cada una). Con ello cada una de las componentes recibe financiación sin intereses de las que son sus amigas. Aprovechan igualmente el encuentro para charlar y contarse lo que aconteciera en sus vidas. Por supuesto no dejan pasar la oportunidad para llevar cualquier producto que comercialicen (ropa, perfumes, comida) y de esta forma también se apoyan mediante la compra venta de sus propios productos. Alucinante verdad. Con la boca abierta nos quedamos.
Tras unos días de descanso y aclimatación para los recién llegados, empezaron las aventuras. Y esta primera decidimos que fuera la de bajar en bici por la llamada “La Carretera de la Muerte”. Se trata de un trayecto por la antigua carretera que va desde la Paz hasta Coroico. Salíamos a una altitud de 4.700m llegando en el punto final del trayecto a 1.100m, donde ya nos encontrábamos en los Yungas, o el trópico, y por tanto pasábamos del frío clima de los andes, al calor asfixiante de la selva. En un tramo de la carretera discurrían coches y por otro no.

Montados en nuestras bicis, totalmente equipados con cascos y cortavientos comenzamos la bajada por montañas de escándalo. El fuerte y frío viento azotaba nuestras caras, y escuchábamos como el agua caía por todos lados por estos rocosos lugares. Ya empezamos a ver las caídas y los precipicios a nuestro lado que te quitaban el aliento. Pero todo esto lo corto la niebla que se metió, que por un lado no te dejaba disfrutar del maravilloso paisaje, pero por otro te hacía que sólo fueras pendiente de la carretera, así que creo que en realidad fue bueno, ya que solo duro un rato.

Tras una paradita comenzamos por lo que era la antigua carretera, y la verdadera carretera de la muerte. Sin asfaltar, con tramos por los que te caen cascadas por encima, con caídas de más de 900m que daban vértigo, con curvas de infarto y atravesando ríos nos encontrábamos el equipo massalero unido, dándolo todo, disfrutando como niños, con la adrenalina disparada y todos los sentidos activados. El paisaje pasó a ser selvático y con ello los mosquitos hicieron de nuevo su aparición estelar, y por supuesto no podían faltar las arañas.


Y es que esta aventura resulto ser una preciosa experiencia ya que nos solo disfrutabas de parajes espléndidos, si no que sabías en todo momento el peligro que atravesabas y por tanto requería estar constantemente alerta. Todo ello hizo que la experiencia fuera excitante a la vez.
Carretera de la Muerte. Coroico
De la niebla y el frío
de la cumbre
a la jungla cálida
de los Yungas,
una carretera, un desafío,
sigilosa discurre
como vuelo de águila
entre peligrosas curvas.
El temor al precipicio
se descubre
trás una bajada rápida
abierta, a la tumba.
Destino final Coroico,
antes bailando entre nubes,
sintiendo las ánimas
de los perdidos en la ruta.

Y decidimos salir de la Paz para dirigirnos al místico y energético Lago Titikaka. Y por tanto nos encontramos rumbo a donde cuenta la leyenda que surgió la cultura Inca, en la famosa Isla del Sol, pasando antes por Copacabana (que aunque suene a playa brasileña, se trata de un pueblo a orillas del precioso lago), donde disfrutamos de nuestra primera trucha. Pero chicos, siento dejaros con ganas de más, pero todo esto es ya parte de otra historia.
Muchos besos del equipo massalero.
Cris, Juanlu, Jandro y Jaime.
Massaleros Vuelta al Mundo.













